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jueves, 16 de febrero de 2012

Jueves Trovero: Plomo

Ando muy corta de inspiración, así que decidí dejarle a la "suerte" el Jueves Trovero de hoy. Puse mi iPhone en aleatorio confiando en que; finalmente, cualquiera que fuera la canción, algo de valor aportaría... digo, por algo está ahí, no?

Fuerte elección, pero nada de "suerte" ni coincidencia. Plomo es una canción que me recuerda mucho mi adolescencia. Me duele mucho esta canción, me remueve todo. Y al final, me hace mucho más fuerte, me levanta de lo más hondo y oscuro de mi vida recordándome que "malos ratos vienen de pronto, pero se irán."






 



Mucho más de David Filio





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jueves, 22 de diciembre de 2011

Jueves trovero: Ofrenda


Hoy les dejo esta canción que me ha acompañado en muchos momentos de mi vida. Repito a Pedro Guerra, en esta ocasión con Ofrenda. 

 
 
Lleno un cazo de agua
y lo dejo en la puerta para que vuelvas.
Trigo y aceituna,
miel y yerbabuena para que vuelvas.

Abro la ventana
lleno la despensa para que vuelvas.
Un calor de nido,
infusión de menta para que vuelvas.

Beberás, mojarás tus labios
después de tanto andar.
Hablarás, contarás lo andado
y después descansarás.

Diez racimos de uva
y un frescor de fresa para que vuelvas.
Un humo de incienso
y una luz de vela para que vuelvas.

Beberás, mojarás tus labios
después de tanto andar.
Hablarás, contarás lo andado
y después descansarás.

Agua, tierra, fuego y tierra.
Todo lo que esperabas
del amor y de la vida
te daré en mi Ofrenda
para que vuelvas.





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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Colecho: Nuestra experiencia




Antes de que mi hijo naciera, su habitación estaba completamente lista. Pintada en azul a dos tonos y estrellas fluorescentes, con varios juguetes que nos regalaron en los baby shower, toda su ropita lavada y sin etiquetas perfectamente acomodada por talla en la cajonera, con un piso de goma comodísimo en el que podría jugar cuando creciera un poco, con una linda cuna que nos heredaron, con un juego de cama verde de ranita.  Como él era pequeñito, la cuna le quedaría muy grande, así que dormiría en su bambineto, dentro de la cuna, y acomodado con un almohadón triangular en cierto ángulo para evitar que se ahogara por la noche. Ojalá que como nos ocupamos de su habitación nos hubiéramos ocupado de escuchar más nuestra naturaleza.
 

Desde el primer día que llegamos a casa mi hijo durmió solo en su habitación. Ahora lo escribo y no lo creo. Pero así fue. No es que alguien en particular nos lo dijera, pero él debía tener su habitación, su propio espacio; ya saben “porque el bebé debe adaptarse a la vida de sus padres” y no venir a revolucionarla…. ¿pero qué no desde el mismo instante que supimos que estábamos embarazados nuestra vida dio un giro de 180°? El caso es que en ese entonces no me di cuenta de la incoherencia.


No dejaré de reconocer que mi esposo no dio queja alguna los primeros días (ni después) en que en la madrugada el niño se despertaba llorando. Como Eduardo nació por cesárea yo no podía pararme de la cama para atenderlo de inmediato.  Así que su papito le cambiaba el pañal, le daba el biberón, lo cargaba y apapachaba hasta que se volviera a dormir y volvía a dejarlo solito en su cuna. Poco a poco también me tocó levantarme en las noches a atender a mi bebé. Y de ahí en adelante era como la típica escena de película… Nadie descansaba bien ni un solo día: levantarse a cada momento para ver que el niño estuviera bien cobijadito, prepara el biberón, tratar de convencernos el uno al otro de que era su turno ir a atenderlo.


Conforme el recién nacido fue creciendo, el llanto no cesaba. Eduardo exigía el calor de sus padres. Sentirse acompañado, seguro y amado no sólo de día sino también de noche. Y aun cuando creíamos haber satisfecho todas sus necesidades, él seguía llorando. Entonces, fuimos “cayendo en la tentación” y lo acostamos con nosotros. Mágicamente se acababan las lágrimas, comenzaba a dormir como un angelito. Así, sin saber, fue nuestro primer encuentro con el colecho. No es que Eduardo durmiera con nosotros toda la noche ni todos los días; pero sí como nuestra última opción cuando los llantos no paraban. Eso sí, cuando lo llevábamos a la cama de sus papás gozábamos tenerlo cerquita, su olor y calor transformaban nuestro lecho, pero no sabíamos por qué. Y así es como desperdiciamos prácticamente dos años por ignorancia.


Luego fue que comencé a encontrarme plenamente con mi maternidad y con un estilo de crianza más acorde a lo que sentía y quería ofrecerle a mi hijo. Descubrí que el hecho de que mi niño duerma a mi lado tiene un nombre y muchos más beneficios comprobados que el no hacerlo, de los que más adelante escribiré.


Ahora es Eduardo quien quiere dormir en su cama. Él ya no tiene una cuna, sino una cama muy bajita (de Cars) de la que puede bajarse cuando él lo decida. Casi todos los días dormimos dos y despertamos tres en nuestra cama… Porque hace ya un tiempo que dejo de ser la cama de papás y se transformó en una cama familiar.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Demostrando su confianza


El domingo pasado salimos en familia a hacer algunas compras. En la plaza, Eduardo pidió ese helado de yogurt que tanto le gusta y luego, dar un paseo en el trenecito; sí, ese que cobra veinte pesos por persona y te lleva a dar una pequeña vuelta por todo el centro comercial. Como no pensaría si quiera en que mi hijo se subiera solo, me subí con él en el vagón del frente y mientras el tren avanzaba íbamos riendo e inventando historias.

Luego, vimos a papá afuera de la tienda de discos y él nos fue más o menos siguiendo hasta la parada del tren. Y ahí es donde comienza esta historia…

Desde muy chiquito le gustaban los paseos en el trenecito!

Eduardo ya no es un bebé, es un niño chiquitito pero con una gran libertad. Como otras veces, comenzó a correr por el pasillo; pero ésta vez sin detenerse. Nos veía tras de él, se reía y pedía que lo alcanzáramos. Cuando lo sentíamos muy lejos le decíamos “hasta ahí”, como pidiéndole tregua porque no podíamos mantenerle el paso. Él paraba un momentito y cuando nos veía ya muy cerca, de nuevo a correr.

Y toda esta escena me recordó una parte del libro Bésame mucho, de Carlos González. En el apartado “¿Y ahora por qué no camina?” se habla de una niña que juega en el parque mientras su madre está sentada en un banco. La niña va de un juego a otro, va y viene; pero a cierta distancia la niña regresa. ¿Qué determina esa distancia?

Según Bowlby, la madre es la base segura para la conducta de exploración del niño, que compara con el avance de una patrulla de reconocimiento en territorio enemigo. Mientras se mantengan en contacto con su base y crean posible retirarse en caso de peligro, podrán avanzar con seguridad. Pero si el contacto se pierde, la base es destruida o la retirada está bloqueada, la patrulla se desmoraliza, y dejan de ser valientes exploradores para convertirse en temerosos extraviados.
¡Qué forma más clara de explicar por qué si mi hijo me pierde de vista (o a su papito adorado) se siente inseguro! Si a los adultos les pasa, ¿por qué los pequeños han de reaccionar distinto?

González afirma que existe un doble sistema de seguridad (y no hace falta que él lo afirme; lo hace mi experiencia personal). Es decir que la madre y la niña estarán comunicadas, a través de las palabras, gestos y miradas. Si la niña siente que no tiene la atención necesaria de la madre, se volverá más insistente; y viceversa. Al llegar a cierta distancia, la pequeña regresará por sí sola; a esto se le llama distancia de seguridad. En cambio, si la madre siente que su hija se ha alejado demasiado procurará que regrese; a esto también se le llama distancia de seguridad (de la madre, aclararía yo).

Pero ¿qué pasa si la niña no regresa? La madre acortará la distancia de seguridad de la niña acercándose a ella; tal vez no llegue a su lado, pero se mantendrá cerca de su hija. Al acortar esa distancia, la pequeña tendrá un nuevo rango para alejarse pues aún se siente segura, está nuevamente cerca de su base. En algunos casos, cuando el margen de seguridad del niño es mayor que el de la madre puede producirse una persecución un poco cómica. Así, igualita a la escena del domingo en el centro comercial que les contaba más arriba.

CUANDO SE ALEJA MÁS PORQUE NOS HEMOS ACERCADO, NO NOS ESTÁ TOMANDO EL PELO, SINO DEMOSTRÁNDONOS SU CONFIANZA.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Mis pequeñitos también quieren su potty…



Recuerdan que en nuestro entorno hay mucha prisa porque Lalo ya vaya solito al baño? Pues bien, platicando con mi mamá sobre el tema tuvimos alguna fricción. Después, ella me escribió un correo electrónico en el que me decía que había investigado y que yo no estaba equivocada. Mi hijo está en una edad “normal” para dejar el pañal. Y bueno, en su correo me compartió parte de la información que ella encontró.  De la información que me compartió, ya mucha la había leído en distintos foros, blogs de crianza respetuosa, platicado con otras mamis. Pero hubo una cosita que llamó mi atención, porque no la había escuchado antes.
 
Me queda muy claro que el gran paso se facilita mucho si los peques se sienten familiarizados con el baño; si se les permite observar cómo lo hace mamá y/o papá. Cuando van a la guardería, ven a sus compañeritos hacerlo y eventualmente, querrán imitarlos hasta lograr hacerlo ellos también.  Pero ¿qué más se puede hacer en casa si el peque no va a la guardería? Pues apoyarse con sus juguetes.

Si tu niño tiene un muñequito o animalito de peluche favorito, puedes usarlo para hacer demostraciones. La mayoría de los niños gozan viendo a sus "amiguitos" ir al baño, y puede que aprendan más así que escuchando tus instrucciones de cómo deben hacerlo. Algunos padres hasta fabrican un inodoro de juguete (una cajita, un botecito vacío de yogurt) para el muñeco o animalito favorito del niño, para que así los dos puedan sentarse lado a lado mientras aprenden (Fuente: Baby Center).

Eduardo en los últimos días ha mostrado un poco más de interés en el baño, pone énfasis en que su pañal necesita un cambio. Ayer en la mañanita le dije que iba al baño a hacer pipí y, como otras veces, me dijo “yo voy contigo… y mi osito también”. Y fue ahí donde todo me hizo click. De inmediato, me senté en la taza, a Lalo en su potty y le dije “tu osito no tiene bañito, ¿quieres que le hagamos uno?”. Contento e ilusionado con la idea me dijo enseguida que sí, que su osito también quería hacer pipí y popó en su potty.

Ayer vimos qué teníamos en casa e hicimos una lista de lo que nos faltaba y hoy pusimos en marcha el gran proyecto: Potty para mis pequeñitos, que es como Lalo le dice a sus muñecos.

Como nosotros nos divertimos mucho haciéndolo y estoy segura que nos será de mucha utilidad, aquí les dejo la lista de materiales y el procedimiento que nosotros seguimos para esta actividad.

Materiales:
  • Caja chica
  • Marcador
  • Molde redondo (plato, tupper o cualquier otro objeto)
  • Cutter o tijeras
  • Papel para regalo (que lo escoja tu hij@)
  • Pegamento blanco o transparente
  • Pincel
  • Plástico cristal (con el que se forran los libros de los peques)
  • Diurex

Procedimiento:
 
  1. En la cara superior de la caja dibujar un círculo con el marcador ayudándose del molde redondo.
  2. Cortar el círculo marcado con el cutter.
  3. Es conveniente involucrar al pequeño  en las cosas que no requieran cortar.
  4. Extender el papel para regalo y cortar un cuadro un poco más grande que el tamaño de la cara superior.
  5. Dibujar nuevamente un círculo con el marcador y el molde, esta vez en el papel para regalo.
  6. Cortar y verificar que haya quedado del mismo tamaño que en la caja.
  7. Con ayuda del pincel, barnizar la cara superior de la caja.
  8. Pegar cuidadosamente el papel en la caja, asegurándose que ambos cortes coincidan. Repetir paso 7 y 8 en las demás caras de la caja.
  9. Cortar el plástico cristal de tal manera que alcance a cubrir la totalidad de la caja.
  10. En el área circular, realizar varios cortes hacia el centro y pegarlos hacia el interior.
  11. Listo! Juntos lleven el potty al baño y pónganlo junto al de su peque.
¡¡¡A estrenar!!!
 
 





viernes, 2 de septiembre de 2011

¿Mamá consciente?


Gracias a Flor de MaternArte por considerar que esta aprendiz de madre es una Mamá Consciente. Le paso el premio a La mamá de Nicolás, y a Ana Laura de Un poquito de mí.
 


Hace poquito más de una semana recibí un premio que realmente me sorprendió. No había escrito esta entrada para recibirlo porque no tenía idea cómo contestar las preguntas que lo acompañan.

¿Te consideras a ti misma una Mamá Consciente? ¿Qué significado tiene para ti esa denominación?

Pude decir casi sin dudarlo que soy una madre ejemplar, que todas deberían hacerlo como yo; pero vamos, quién iba a creerlo.  ¿Qué si me considero una mamá consciente? La respuesta es no.

¿Qué significado tiene para mí tal denominación? Creo que ser una madre consciente es simplemente dar el mejor ejemplo a  los hijos, en TODO. Y como TODO es una palabra muy profunda, para mí implica ser una madre perfecta.

viernes, 25 de marzo de 2011

10 cosas que he aprendido de mi hijo

Nuevamente me he topado con un carnaval de blogs propuesto por Amor Maternal y no pude dejar de hacer la tarea.

10 cosas que he aprendido de mi hijo
"10 cosas que he aprendido de mi hijo es un carnaval de blogs cuyo propósito es hacernos reflexionar, compartir, reír, emocionarnos y facilitarnos una mirada en retrospectiva acerca de cuánto hemos aprendido desde que emprendimos el camino de la maternidad."

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