Algunas de las costumbres de nuestro tiempo parecerán sin duda bárbaras
a las generaciones venideras; tal vez la insistencia en que los niños pequeños
e incluso los bebés duerman solos en vez de con sus padres.
Cari Sagan, The
Demon-Haunted World
No hace mucho les contaba nuestra
experiencia de colecho y cómo fuimos “cayendo en la tentación” de que
Eduardo durmiera con nosotros cuando no paraba de llorar. Si nos ponemos
estrictos, pareciera
que estábamos haciendo algo prohibido o perjudicial para nuestro pequeño. Sin
embargo, no somos los primeros ni los únicos. Aun cuando no somos tantos como debiéramos
serlo, son muchos los padres que deciden meter a sus hijos a la cama grande; ya
sea porque es lo más agradable o porque es lo más práctico. Pero la presión es
muy grande y el entorno consigue que esos padres, como nosotros, nos sintamos
culpables pensando que está mal.
Para nosotros, que hemos sentido esa culpa
por apapachar a nuestros pequeños, Carlos González nos regala unas palabras de
aliento:
Pues no, no
están haciendo nada mal. Están haciendo lo mejor para su hija (lo único que la
calma) y también lo mejor para ellos (lo único que les permite descansar. ¿A
quién molesta, entonces, que hayan tomado libremente esta decisión?
Se hace creer
a los padres que dormir con su hijo (el colecho) es malo para el niño. Lo
aplastarán, le causarán insomnio para toda la vida o le producirán algún grave
y misterioso trauma psicológico. ¿Qué hay de cierto en todo ello?
Y es a partir de esta pregunta
que González busca desmentir los peligros y mitos del colecho.
¿El colecho produce insomnio?
Después de analizar varios
estudios en los que se afirma que el colecho puede producir insomnio, el autor
de Bésame mucho afirma que “la
explicación más razonable de la asociación entre problemas del sueño y el
colecho no es que el colecho produce problemas del sueño, sino la contraria: en una sociedad
en que el colecho está generalmente mal visto, los padres recurren a él sólo
cuando han fallado otros métodos para hacer dormir al niño”.
Yo no
sé de estudios, pero conozco nuestra experiencia familiar y concuerdo con lo leído.
Antes de llevar a Eduardo a nuestra cama, intentamos de todo; el bebé ya había
comido, estaba limpio, cobijadito, pero aun así no podía dormir. No creo que le
resultara más cómodo nuestro colchón per
se, sino todo lo que encontró en él: el calor de mamá y papá, las caricias
y la seguridad de que ni esa noche, ni nunca, se encontrara solo.
¿El colecho causa problemas psicológicos?
Hay muy pocos estudios que traten
la relación entre ambos factores. Y los resultados indican que los niños que habían
dormido con sus padres no mostraban ningún efecto perjudicial con relación a los que no lo habían hecho.
¿El colecho causa muerte súbita?
Me hubiera gustado estar
informada sobre este aspecto cuando Eduardo era más pequeño. La muerte súbita
era algo que a mí me ponía muy muy muuuuuy nerviosa, pero a mi marido realmente
le daba pánico (y siendo sincera, aún le causa conflicto aunque Lalo ya esté
más grandecito). Y es por esta especial
inquietud que me permito transcribir tal cual esta sección para no omitir algo
que a alguna mamá o papá le resulte interesante conocer.
Hace dos siglos, cuando todos los niños dormían con sus padres,
algunos amanecían muertos. Se decía que sus madres les habían aplastado sin
querer; se sospechaba que algunos eran niños no deseados deliberadamente
asesinados. Para evitar los supuestos accidentes o para evitar que los
infanticidas pudieran recurrir a tan fácil justificación, los médicos y a veces las leyes prohibieron
que los niños durmieran en la cama de sus padres.
Para sorpresa general, algunos niños
seguían muriendo durante el sueño, aunque durmiesen en su cuna y nadie les
pudiera asfixiar. Hoy llamamos a este problema «síndrome de la
muerte súbita del lactante»; pero hace apenas unas décadas, el término habitualmente
usado tanto por los padres como por los médicos era «muerte en la cuna». El 90 por
ciento de estas muertes ocurre durante los primeros seis meses; el resto, entre
los seis meses y el año.
No se sabe cuál es la
causa exacta de la muerte súbita, pero sí se conocen varios factores que pueden
aumentar o disminuir el riesgo. Por desgracia, el riesgo no se puede reducir a
cero, y algunos niños morirán hagan lo que hagan sus padres. Pero podemos evitar
muchas muertes si tomamos varias precauciones sencillas. Las más
importantes: poner siempre a los bebés a dormir boca arriba (boca abajo es lo
peor, pero de lado también hay un cierto riesgo), no fumar durante el embarazo
ni en los primeros meses (ya puestos, sería buena idea dejar de fumar para siempre;
eso beneficia tanto al niño como a los padres), y no dejar al niño durmiendo solo en su
habitación (es mejor que la cuna
esté en la habitación de los padres, al menos los primeros seis meses). También
es importante que el colchón sea duro y evitar en la cama o en la cuna los
objetos blandos que pueden asfixiar al bebé, como edredones pesados, almohadas,
pieles mullidas (naturales o sintéticas) o peluches. No se ha de mantener al bebé demasiado
abrigado (el bebé suele necesitar
un poco más de ropa que sus padres, pero no puede ponerle la camiseta térmica, dos
jerseys, un pijama de franela y encima taparlo con manta y colcha en una
habitación en que hay calefacción). Parece que la lactancia materna también
disminuye un poco el riesgo de muerte súbita.
¿Y dormir en la cama de los padres?
¿Aumenta el riesgo, lo disminuye o no tiene nada que ver?
Algunos datos parecen
indicar que, al menos en ciertas circunstancias, el colecho puede disminuir el
riesgo. La muerte súbita es muy rara en Japón, donde dormir con los padres es
lo más común, y también es más rara entre los emigrantes asiáticos en
Inglaterra (que suelen practicar el colecho) que entre los ingleses nativos.
Además, en los estudios de laboratorio, los bebés que duermen con su madre
tienen un sueño menos profundo, lo que se piensa que podría ser beneficioso.
Diversos estudios de
casos y controles en Nueva Zelanda y en Inglaterra encontraron que cuando la
madre no fuma, el riesgo de muerte súbita es exactamente el mismo si el niño
duerme en la cama de los padres o en su cunita al lado. Si el bebé duerme solo en otra habitación,
el riesgo se multiplica por cinco o por diez.
El tabaco aumenta mucho el riesgo de muerte
súbita del lactante. Fumar durante el embarazo ya aumenta el riesgo, aunque
luego se deje de fumar (pero si se sigue fumando, es todavía peor). En casa
de un bebé no deberían fumar tampoco otras personas.
Por motivos todavía no
bien conocidos, el riesgo del tabaco se potencia con el colecho. En el estudio
británico, probablemente el mejor diseñado para analizar este problema, fumar y dormir
separados multiplica el riesgo por cinco, pero fumar y dormir juntos multiplica
el riesgo por doce.
Por tanto, la mejor
solución es no fumar. La madre que no fuma ni ha fumado durante el embarazo
puede dormir con su hijo todo lo que quiera, sin ningún peligro. Además de
prevenir la muerte súbita del lactante, no fumar tiene muchas otras ventajas para
la salud de la madre y de su hijo.
Si la madre fuma o ha
fumado durante el embarazo, sería prudente no dormir con el bebé durante las
primeras catorce semanas (después de esta edad, el colecho ya no aumenta el
riesgo, ni siquiera fumando). Puede dar el pecho en la cama y ponerlo en su propia
cunita, junto a la cama de los padres, cuando se duerma.
El hallazgo de que el
colecho se asocia con la muerte súbita cuando la madre fuma fue recibido con
gran alegría por todos aquellos que tenían prejuicios contra el colecho. En vez
de decir que el colecho es «malo» o «inmoral», ahora podían usar un argumento médico,
que parece mucho más serio. Pero a muchos se les ve el plumero. Algunos prohíben
el colecho en cualquier ocasión, olvidándose de informar a las madres de que si
no fuman ni han fumado durante el embarazo, no hay ningún peligro. Otros
admiten el colecho, pero sólo durante las primeras semanas (precisamente cuando
hay peligro). Casi
todos se olvidan de advertir que durante los primeros meses, tanto si la madre
fuma como si no, dejar al niño solo en otra habitación es peligroso.

Muy pronto seguiré compartiendo
otros mitos relacionados con el colecho, así como los beneficios de
practicarlos y la experiencia de nuestra familia.